Calanda
Historia de Calanda
En el corazón del Bajo Aragón, Calanda emerge como un cuadro viviente de historia y tradición. Imagina un enclave donde los ecos de los tambores y el aroma de sus huertas entrelazan siglos de legado cultural con la belleza de un paisaje que invita a perderse y conectar con el alma de la tierra.
Según cuenta la leyenda, en 1127, un pastor que vigilaba su rebaño utilizó su tambor para alertar al pueblo de una incursión árabe inminente, iniciando así una tradición que se convirtió en el alma sonora de esta tierra.
Los orígenes de Calanda se remontan a tiempos prerromanos, con asentamientos celtíberos que dieron lugar al nombre «Kolenda». Durante la dominación romana, la localidad se consolidó como un enclave significativo, beneficiándose de las infraestructuras y el comercio de la época.
Posteriormente, bajo el dominio musulmán, Calanda experimentó un desarrollo notable, especialmente en sistemas de riego y agricultura.
En 1169, el rey Alfonso II de Aragón reconquistó Calanda, integrándola definitivamente en el Reino de Aragón. La Orden de Calatrava asumió el señorío de la villa a finales del siglo XIII, influyendo profundamente en su estructura social y económica. En 1360, la concesión de la primera Carta Puebla facilitó la repoblación y el crecimiento de la localidad. Más tarde, en 1628, se emitió una segunda Carta Puebla, que consolidó aún más la unidad política y religiosa de Calanda, impulsando su desarrollo económico y fortaleciendo el papel de la comunidad en la región.
¿Qué es la Carta Puebla?
La Carta Puebla era un documento otorgado por un señor feudal, en este caso la Orden de Calatrava, para regular la repoblación de un territorio, estableciendo derechos y deberes para los nuevos habitantes. Estas cartas facilitaban el asentamiento en zonas despobladas o recién conquistadas, otorgando beneficios como la exención de ciertos impuestos o la cesión de tierras cultivables.
En Calanda, la primera Carta Puebla de 1360 permitió su crecimiento poblacional y económico, mientras que la segunda, emitida en 1628, consolidó su unidad política y religiosa, fomentando aún más su desarrollo.
Durante las Guerras Carlistas en el siglo XIX, Calanda fue escenario de enfrentamientos que culminaron con la destrucción de su castillo en 1838. A pesar de estos conflictos, la villa supo preservar y revitalizar sus tradiciones, consolidándose como un referente cultural en la región. Esta riqueza cultural y su profunda vinculación con la Semana Santa llevaron a que en 2014 la UNESCO declarara las tamborradas del Bajo Aragón, incluyendo la de Calanda, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El eco eterno del tambor: la Semana Santa de Calanda
La Semana Santa de Calanda es internacionalmente reconocida por la emblemática «Rompida de la Hora».
Cada Viernes Santo a mediodía, cientos de tambores y bombos irrumpen en un redoble unísono, simbolizando el duelo por la muerte de Cristo y creando una atmósfera de profunda emoción colectiva.
Esta tradición posee raíces ancestrales.
Según relatos, en la primavera de 1127, mientras los cristianos de Calanda celebraban la Semana Santa, un grupo de moriscos planeaba atacar la población. Un pastor, al divisar el peligro desde su rebaño en las montañas, utilizó su pandero para alertar a los habitantes. La alarma pasó de pastor a pastor, creando una cadena que permitió a los vecinos refugiarse y frustrar el ataque.
Este evento marcó el inicio de una costumbre que evolucionó hasta convertirse en la tradición que conocemos hoy.
En el siglo XX, Mosén Vicente Allanegui revitalizó las celebraciones, organizando procesiones y otorgando al toque del tambor un significado profundo, consolidando rituales que perduran hasta hoy.
La destreza en la fabricación de tambores y bombos es un arte transmitido de generación en generación en Calanda. Los tambores se construyen con cajas de acero inoxidable, aluminio o latón, aros de madera de haya o aluminio, y bordoneras de cobre recubiertas de seda que garantizan un sonido característico. Los parches, generalmente de poliéster, permiten un ajuste preciso según las preferencias del músico.
Por su parte, los bombos destacan por sus cajas elaboradas en cartón piedra reforzado con madera de haya. Los parches suelen ser de piel natural, como cabra o ternera, aunque también se utilizan opciones sintéticas. Las cuerdas de cáñamo aseguran una afinación estable, mientras que los aros de madera contribuyen a una acústica de gran calidad.
Estos materiales, trabajados con esmero, convierten a los tambores y bombos de Calanda en piezas únicas, esenciales en las tradicionales celebraciones de Semana Santa. La relevancia de esta manifestación cultural ha sido reconocida oficialmente, siendo declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional y formando parte de la Ruta del Tambor y el Bombo del Bajo Aragón, una asociación que agrupa a localidades con tradiciones similares, promoviendo y preservando este patrimonio inmaterial.
La Semana Santa de Calanda no solo es una expresión de fe, sino también una celebración que fortalece la identidad colectiva, atrayendo a visitantes de todo el mundo que buscan experimentar la intensidad y el fervor de esta singular manifestación cultural.
La Arquitectura
Calanda alberga una variedad de monumentos y edificaciones de interés histórico y arquitectónico que reflejan su rica herencia cultural. Entre los más destacados se encuentran:
Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Esperanza
Construida inicialmente en el siglo XIII y ampliada en 1462 por Pedro Vacca, esta iglesia perteneciente a la Orden de Calatrava fue renovada en varias ocasiones. El edificio actual, de estilo neoclásico con influencias rococó, data del siglo XVIII y consta de tres naves, con la central elevándose sobre las laterales. Su historia está profundamente ligada al devenir religioso y social de Calanda.
Templo del Pilar
Este templo, construido en el siglo XVII, es una muestra del estilo barroco aragonés. Su fachada y detalles ornamentales reflejan la riqueza artística de la época.
Convento del Desierto de Calanda
Fundado en el siglo XVII, este convento se ubica en un paraje natural entre los ríos Guadalope y Mezquín. Aunque actualmente se encuentra en ruinas, conserva su imponente fachada y es un testimonio de la arquitectura religiosa de la época.
Castillo de Calanda
Originario de la época musulmana, este castillo fue ocupado por Alfonso II en 1169 y posteriormente perteneciente a la familia Alagón y la Orden de Calatrava. Aunque fue destruido en 1838 durante las guerras carlistas, sus restos aún evocan su importancia histórica.
Arco de San Roque
Construido en el siglo XVIII, este arco es un ejemplo de la arquitectura popular aragonesa y ha sido testigo de numerosos eventos a lo largo de los siglos.
Nevera de Calanda
La Nevera de Calanda es una construcción subterránea de la que se tiene constancia desde el siglo XVIII. Este tipo de construcciones tuvieron un gran apogeo entre los siglos XVI y XVIII, y son un testimonio de las ingeniosas soluciones de la época para la conservación de alimentos.
Su estructura principal consta de una bóveda central de 5,3 metros de diámetro y 7,3 metros de altura, complementada por cuatro túneles añadidos posteriormente, que en planta forman una cruz.
Tras las desamortizaciones del siglo XIX, la nevera pasó a manos privadas, sirviendo como bodega y criadero de champiñones. La familia Crespo, última propietaria, conservó la edificación y la donó al Ayuntamiento para su rehabilitación.
Actualmente, la Nevera de Calanda forma parte de la Ruta de las Bóvedas del Frío, uno de los atractivos turísticos de la región.
Casa Consistorial de Calanda
De estilo neomudéjar, este edificio del siglo XX destaca por su fachada de ladrillo rojo y detalles ornamentales, siendo uno de los símbolos más representativos de la localidad.
Casa Cascajares o Casa Allanegui
La Casa Cascajares, también conocida como Casa Allanegui, es una joya arquitectónica que combina la majestuosidad de la piedra sillar y el ladrillo con delicados elementos mudéjares, reflejando el esplendor de la Calanda de los siglos XVI y XVII. Su elegante logia, con once arcos que adornan la fachada principal y lateral, es un ejemplo destacado de la arquitectura civil aragonesa de la época. Este histórico edificio fue el hogar de la influyente familia Cascajares y cuna del Cardenal Antonio María Cascajares, figura clave en la historia eclesiástica española. Aunque el Arco de Mosén Vicente Allanegui, símbolo de la tradición de la Semana Santa, ya no forma parte del conjunto, su memoria perdura en la calle que lleva su nombre, impregnando este rincón emblemático de Calanda con un legado de fe y devoción.
Casa de la Cultura
La Casa de Cultura «Víctor Romero» es un espacio emblemático en el corazón de Calanda que respira historia y modernidad al mismo tiempo.
Este edificio, que en sus inicios albergó un convento fundado en 1750 por los Padres Capuchinos, ha sido transformado a lo largo de los siglos para adaptarse a las necesidades de la comunidad. Hoy, su interior combina la tradición y la modernidad: una biblioteca municipal, un salón de actos que homenajea al cineclub Luis Buñuel, y una antigua capilla reconvertida en una sala de exposiciones que invita a los visitantes a descubrir tanto cerámica íbera antigua como piezas tradicionales de la región.
Este lugar no solo es un refugio para la cultura, sino también un punto de encuentro para asociaciones locales que enriquecen la vida cultural de Calanda, reflejando el alma vibrante de este pueblo aragonés.
El Acueducto de los Arcos
El Acueducto de Los Arcos, situado a un kilómetro al sureste de Calanda, es una impresionante obra de ingeniería que ha desafiado el paso del tiempo. Construido en piedra sillar, con cinco grandes arcos de medio punto y un canal superior que sigue llevando agua para riego, este monumento combina funcionalidad y belleza arquitectónica. Aunque sus orígenes exactos son inciertos, con hipótesis que lo sitúan en épocas romana o islámica, la primera referencia documentada aparece en el siglo XVII, cuando Juan Bautista Labaña lo describió como una estructura sólida y bien diseñada al servicio de la huerta local. Este acueducto no solo es un testimonio del ingenio de sus constructores, sino también un símbolo del vínculo histórico de Calanda con su tierra y su agua, pilares fundamentales de su desarrollo agrícola y cultural.
El Puente Nuevo
El Puente Nuevo, también conocido como Puente del Infante Don Antonio Pascual, es una notable obra de ingeniería del siglo XVIII que se alza sobre el barranco del río Guadalope, aguas abajo de la presa de Calanda. Este acueducto-viaducto formó parte de un ambicioso proyecto hidráulico impulsado por el Infante Don Antonio Pascual, destinado a mejorar los sistemas de riego de la región. Junto a otras infraestructuras como la presa de Villanueva y los Arcos de Lacarra (actualmente sumergidos bajo el embalse), el Puente Nuevo refleja la dedicación histórica de Calanda por optimizar el aprovechamiento de sus recursos hídricos, consolidando su desarrollo agrícola y económico.
Estos monumentos y edificaciones ofrecen una visión profunda de la historia y evolución arquitectónica de Calanda, invitando a residentes y visitantes a explorar y apreciar su patrimonio cultural.
Las calles de Calanda conservan un encanto especial, con fachadas de piedra y balcones adornados con flores, que transportan al visitante a otra época. Además, en sus alrededores se pueden encontrar restos arqueológicos y otras construcciones históricas que complementan el atractivo cultural del municipio.
Personajes Históricos de Calanda
Calanda también es cuna de personajes ilustres que han dejado una marca indeleble en la historia y la cultura.
Luis Buñuel, el afamado cineasta surrealista y uno de los calandinos más ilustres, dejó constancia del profundo impacto que los tambores de su tierra natal tuvieron en su vida. En su autobiografía «Mi último suspiro», escribió:
«Ignoro qué es lo que provoca esta emoción, comparable a la que a veces nace de la música. Sin duda se debe a las pulsaciones de un ritmo secreto que nos llega del exterior, produciéndonos un estremecimiento físico, exento de toda razón».
Este vínculo con Calanda no solo quedó reflejado en sus palabras, sino también en su obra cinematográfica, donde incorporó el sonido de los tambores como un recurso evocador en películas como «Viridiana» y «El ángel exterminador».
El municipio honra su legado con el Centro Buñuel Calanda (CBC), un espacio dedicado a su vida y obra, que invita a los visitantes a descubrir el universo creativo de este genio del cine.
Otro personaje relevante es el Beato Miguel Pellicer, conocido por el milagro de la restitución de su pierna, un hecho que atrajo la atención de la Iglesia y consolidó la fama religiosa de Calanda. En 1637, Pellicer sufrió un accidente en Castellón de la Plana que le llevó a perder una pierna tras ser aplastada por una rueda de carro. Durante su convalecencia en Zaragoza, desarrolló una profunda devoción por la Virgen del Pilar, ungiéndose el muñón con aceite de las lámparas del templo y solicitando limosna en sus inmediaciones. El 29 de marzo de 1640, tras regresar a Calanda, ocurrió el milagro: al despertar, su pierna amputada había sido restituida. Este acontecimiento fue investigado por las autoridades civiles y eclesiásticas, y en 1641 el milagro fue declarado oficial por el arzobispo Pedro Apaolaza.
En la Basílica del Pilar de Zaragoza se conserva un cuadro que representa este suceso extraordinario, recordando la fe y el impacto que tuvo en la época. Aunque la autoría exacta del cuadro no está plenamente documentada, se atribuye a un artista de la época que plasmó los eventos milagrosos asociados a la Virgen del Pilar. La historia de Miguel Pellicer sigue siendo un símbolo de esperanza y devoción para los habitantes de Calanda y para los peregrinos.
Gastronomía
La gastronomía de Calanda es un reflejo de su rica tradición agrícola y ganadera.
Imagina un melocotón de Calanda disfrutado bajo la sombra de un almendro, su dulzura y consistencia firme haciendo eco de los días soleados de la huerta. O un plato de ternasco de Aragón servido durante una comida familiar, donde cada bocado es un tributo a las manos que han trabajado la tierra y criado el ganado con dedicación.
Entre los productos más destacados se encuentra el melocotón de Calanda, que cuenta con Denominación de Origen (DO). Este fruto no solo brilla en su estado natural, sino también en la receta tradicional del melocotón con vino, un postre típico de la gastronomía aragonesa que combina su dulzura con los matices profundos de un buen vino local. Cada uno de estos frutos es cuidadosamente embolsado en el árbol durante su proceso de maduración, una técnica tradicional que protege el melocotón y asegura su excelencia. Su recolección manual y maduración natural lo convierten en un emblema de la huerta calandina y en un producto reconocido tanto a nivel nacional como internacional.
Otro producto estrella de la región es el aceite de oliva del Bajo Aragón, que destaca por su sabor intenso y su aroma afrutado, siendo un ingrediente esencial en la cocina local. Además, el ternasco de Aragón, una carne de cordero tierna y jugosa, es un plato típico que se disfruta en asados o guisos tradicionales.
La riqueza culinaria de Calanda se complementa con una variedad de recetas locales que incluyen productos frescos de la huerta y técnicas de cocina tradicionales que han pasado de generación en generación.
En los próximos artículos de esta serie, exploraremos las opciones de alojamiento de perfil medio-alto, restaurantes recomendados y experiencias únicas como rutas de senderismo, visitas a bodegas locales, SPAs y entornos naturales ideales para quienes buscan desconectar y disfrutar del encanto de Calanda y sus alrededores.